Hijos de la sociedad de consumo, herederos del confort del auge tecnológico y, en consecuencia, del descreimiento sobre los más altos valores de nuestra sofocada modernidad. Aún nos movemos como ella: bestias insensatas que patalean y dan de giros en sus vuelcos por mantenerse con vida, enredados en la manía sobre nosotros mismos, pretendiendo creer sin el más mínimo rasgo de entusiasmo. Llamémonos como queramos: sociedad posmoderna, cultura de la imagen, consumistas, nuevos románticos deprimidos. Finalmente, nuestros actos nos describen y nos definirán si ha de haber un futuro.
Sociedad del aburrimiento. Tendencia a la decadencia y, por tanto, a la destrucción. Generación perdida en un placer que nunca se cumple. Todos los tiempos han tenido su decadencia: nosotros sólo repetimos esa época de todas las épocas. Pero que nadie se moleste en levantarnos, pues, ante todo, somos la carcajada prolongada, escandalosa, grosera, grotesca, descarada y fácil. Como la calaverita de azúcar con el nombre de la humanidad: sonriente, jovial, fría, ausente, dulce, un simple juguete.
¡Adelante, pues! ¡Platiquemos nuestros juegos!
Mostrando entradas con la etiqueta posmodernidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta posmodernidad. Mostrar todas las entradas
lunes, 12 de marzo de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)